MISSÕES DE PAZ: A DIPLOMACIA BRASILEIRA NOS CONFLITOS INTERNACIONAIS

Coordenação de Raul Mendes Silva

VISITAS DE DOS PRESIDENTES
ARGENTINA Y BRASIL SELLAN LA PAZ EN EL SUR DEL CONTINENTE

DOCTOR ROSENDO FRAGA: ROCA VISITA BRASIL
Traducción de Sheila Maria de Oliveira

EMBAJADOR LUIZ FELIPE DE SEIXAS CORRÊA:
CAMPOS SALLES VISITA A LA ARGENTINA

ROCA VISITA A BRASIL

      En Argentina, Julio Argentino Roca asume por segunda vez la Presidencia de la República el día 12 de octubre de 1898, a los cincuenta y cinco años de edad. Aquel joven general de treinta y siete años del primer mandato, es ahora un maduro estadista.

     Las tensiones entre la Argentina y Chile, que durante el gobierno de José E. Uriburu (1895-1898) desatan una carrera armamentista con el riesgo de resultar en un conflicto bélico, son la razón política de su elección para el cargo. Carlos Pellegrini, también precandidato a la Presidencia por el Partido Autonomista Nacional, decide respaldar la figura de Roca, por considerarlo el político más apto para dirigir la Nación en aquel momento en que el peligro de una conflagración con Chile surgía como un riesgo apremiante.

      Roca comienza su gestión con la idea central de evitar el conflicto, implantando, paralelamente, una política de modernización y preparación de las Fuerzas Armadas para asegurar la paz. Por este motivo, uno de los primeros actos de su gobierno es viajar al Sur, a fines de enero de 1899, para encontrarse con el presidente chileno, Federico Errázuriz para  sellar un acuerdo.

    La paz en las relaciones con el Brasil era una preocupación constante de Roca. Durante su primera presidencia, el 28 de septiembre de 1885 firmó el acuerdo que establecía cómo se debía formalizar, con el apoyo de una comisión mixta de expertos, el reconocimiento y clasificación de los ríos en litigio, situados en la región de Misiones. Este acuerdo sería el acto preliminar del Tratado definitivo de límites, firmado en 1889, que definía el arbitraje que se realizaría bajo el mando del Presidente Cleveland, de los Estados Unidos, cuyo fallo resolvería, de una vez por todas, la cuestión de los límites sentencia solucionaría definitivamente la cuestión de los límites, algunos años más tarde.

     Inicialmente, Roca trata el asunto extraoficialmente, como se acostumbraba a hacer en los procedimientos diplomáticos, y oficializa su respuesta después de recibir garantías de que sería bien recibido de manera extraoficial, como era natural para procedimientos diplomáticos, y oficializa su respuesta después de haber recibido la garantía de que sería bien recibido en el Brasil. En mayo, el Diplomático de Brasil en Buenos Aires, Henrique de Barros Calvancanti de Lacerda, en un oficio confidencial dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, informa que, a su juicio, la visita que Roca haría estaba relacionada "con el plan de una Liga de tres naciones, a efectos de defenderse de posibles agresiones " y dos días después, vuelve a dirigirse a su gobierno, resaltando que tanto para Roca, como para el diplomático argentino Enrique Moreno, la visita no sólo sería útil para las relaciones bilaterales, sino también para las restantes naciones del Hemisferio Sur.

     Barros Calvancanti estaba acogiendo la idea que comenzaba a nacer en aquel momento en el Cono Sur, o sea, se hacía necesario establecer un acuerdo entre la Argentina, Brasil y Chile, capaz de crear estabilidad en esta región de América. Según Clodoaldo Bueno, para los brasileños la intención del viaje de Roca consistía en "estreitar a união entre a Argentina e o Brasil, de molde a que esta circunstância repercutisse no exterior, uma vez que, depois da solução do litígio de Missões, não havia nenhuma questão que nos dividisse". Agrega que " tais foram os argumentos utilizados pelo Governo argentino para manifestar o desejo de receber o convite para a visita presidencial “.

          El 29 de mayo, desde Petrópolis, el representante argentino ante el Gobierno brasileño, Manuel Gorostiaga, se dirige al Ministro de Relaciones Exteriores Amancio Alcorta, transmitiéndole su preocupación por cierta tensión que se notaba en la relación de Brasil con Estados Unidos. En una carta confidencial, afirma que le escribía " para transmitir los temores, ya encarnados, que agitan a los hombres de esta República en dirección a un potencial conflicto con Estados Unidos de América del Norte". Según informa Gorostiaga al Gobierno argentino " hace algún tiempo, el Senador Ruy Barbosa, hombre eminente, viene denunciando en su periódico, “A Imprensa”,el peligro que corren las naciones americanas, como consecuencia obligatoria de la política de expansión (imperialista) iniciada y desarrollada tan abiertamente por Estados Unidos después de la guerra con España, para urgir al Gobierno brasileño a proveerse de elementos de guerra, especialmente marítimos, de los cuales carece por completo ".

     Tras cuidadosas diligencias, la decisión definitiva sobre el viaje a Brasil se define a fines de junio y se comunica a Manuel Gorostiaga por medio de una nota firmada por el propio Amancio Alcorta, según la cual " al tomar esta determinación, el Sr. Presidente satisfizo las manifestaciones transmitidas por su persona, en nombre del Sr. Presidente Campos Salles, así  como (manifestó) su más firme convicción de que dicho acto serviría, sin ninguna duda, para estrechar las cordiales relaciones políticas y comerciales existentes, en beneficio de ambos países ".

          Alcorta termina su comunicación diciendo lo siguiente: “Usted se servirá llevar a conocimiento de ese gobierno la resolución del Sr. Presidente, esperando que en su oportunidad este acto será retribuido por el Sr. Presidente de esa República              (Brasil ) ; y en lo que atañe al ceremonial que debe observarse, tratará de informarse en la Cancillería (brasileña ), enviando una inmediatamente una respuesta a este Ministerio".

         El día 18 de julio, por medio de un telegrama dirigido a Gorostiaga, Alcorta informa la cantidad de personas que integrarán la comitiva oficial y pide que la delegación argentina (en Rio de Janeiro ) se encargue de encontrar alojamiento. El día siguiente, a través del mismo canal, anticipa que la probable fecha de partida de Roca está marcada para el 31 de julio.

          Roca embarca para Rio de Janeiro a las cuatro de la tarde del jueves 3 de agosto. Viaja con su comitiva a bordo del San Martín - el buque más moderno de la escuadra argentina – bajo el mando directo del Ministro de Marina, Comodoro Martín Rivadavia, que una década antes había comandado la corbeta Argentina, primer buque extranjero que reconoció  la República brasileña en 1889.

          El viaje tiene como justificación formal felicitar al Doctor Manuel F. de Campos Salles por su reciente triunfo electoral, elegido Presidente de la República de los Estados Unidos de Brasil, el 1º de mayo de 1898. En realidad, se trataba tanto de estrechar relaciones con Brasil, con quien la Argentina ya había solucionado todos los conflictos de límites, como en la emisión de una señal para Chile, con quien continuaba teniendo pendientes controversias limítrofes.

     Félix Luna, en Soy Roca, hace que el propio Roca relate el inicio del viaje a Brasil, así como sus intenciones: “ El próximo paso de este sutil juego diplomático consistía en ir a Brasil. Aunque no concretemos nada allá, los chilenos supondrían que se había establecido algún entendimiento con el Gobierno Campos Salles, y esa sospecha contribuiría para moderar sus impulsos bélicos. Cuanto más negásemos la negociación de algún tipo de alianza, menos lo creerían nuestros vecinos transcordilleranos. Por otro parte,  era aconsejable estrechar vínculos con los brasileños, con quienes habíamos tenido roces debido a las secuelas de la Guerra del Paraguay y por problemas fronterizos. Desde que Brasil se convirtió en una República, crecieron las afinidades entre argentinos y brasileños.  Era una buena oportunidad para demostrar este hecho".

      Félix Luna relata de esta manera el viaje de Roca: “El 6 de agosto, embarcamos en el acorazado San Martín. Yo conocía Rio de Janeiro por las breves escalas de mi viaje a Europa, pero esta vez visité aquella ciudad durante una semana, estuve en Petrópolis y deambulé por sus avenidas, cada vez que pude escaparme de las obligaciones ceremoniales que me imponían. Me quedé encantando con la opulencia de su naturaleza y admirado por el respeto con que se la preservaba, con la belleza de sus perspectivas y el estilo imperial de sus edificios públicos. Hubo recepciones, bailes – yo mismo tuve que bailar una cuadrilla - banquetes, paseos, e incluso una "fiesta veneciana"  la última noche, con fuegos artificiales sobre la bahía...Todo tuvo la aparatosa solemnidad típica de una corte imperial, atenuada por la cordial solicitud de nuestros anfitriones".

     El corresponsal de Caras y Caretas que viajó con la comitiva, relata la entrada en Rio de Janeiro como sigue: "Salió a encontrarnos en alta mar una división brasileña bajo el mando de Bento Gonçalves y, escoltados por ella, entramos en el puerto al mediodía, en este orden: San Martin, Buenos Aires, Patria, Aquidaban, Barroso y Tupy. Campos Salles esperaba en el acorazado Riachuelo, y Roca fue a su encuentro en su imponente uniforme. Se saludaron. A esa hora, la Bahía era un prodigio, una maravilla, algo inaudito e inolvidable. De la galera  Dom João VI, de arcaica belleza, bajaron los Presidentes, entre salvas que provenían de barcos y fortalezas, las aclamaciones se elevaban rumorosas, de miles de bocas, vibrando con sorprendente pureza en el aire transparente, y volvían repetidamente, haciendo eco en las montañas como remotos truenos".

      Durante la noche del 9 de agosto, Roca discursa para agradecer el banquete con que lo habían homenajeado. En sus palabras resume su pensamiento: " Milité muy joven en las fuerzas aliadas que luchaban por una causa común, y este vínculo de sangre y sacrificio no se rompe fácilmente en la vida. Llevado más tarde al gobierno, me esforcé para desarrollar entre los países una acción pacífica y provechosa. Me cupo entonces firmar el tratado preliminar para terminar nuestra vieja contienda colonial. Volví al poder a tiempo parar presidir las últimas sugerencias de la demarcación. Tengo el deber de decir aquí, francamente, que aceptamos casi con satisfacción la decisión del árbitro, porque así conquistamos aquello que vale más que un pedazo de territorio, que es la simpatía y amistad del pueblo brasileño ".

     Un acto central de la recepción ofrecida a Roca es el desfile militar celebrado el  11 de agosto. Participan en este gran desfile 9.000 hombres de las tres Armas. Las tropas pasan al mando del General Cantuária, en cuyo Estado Mayor desfila el Teniente Shipton, Agregado Militar de la Embajada de los EE.UU. en Rio, un detalle de menor importancia, pero que en cierta forma deja clara la relación que existía en ese momento entre Brasil y Washington.

          Esa misma noche, el Ministro de Guerra de Brasil ofrece un banquete a la comitiva argentina y es en esa oportunidad que el Ministro argentino, General Luis María Campos – al igual que Roca, combatiente en los ejércitos de la Tripe Alianza - deja trasparecer en su brindis la idea de una alianza formada por las naciones sudamericanas.

          Las festividades cuentan, además, con una sesión en el Hipódromo, donde presencian el “Gran Premio República Argentina"; un almuerzo ofrecido por el Presidente de Brasil a bordo del acorazado brasileño Riachuelo – nombre atribuido al barco en homenaje al triunfo naval de la Escuadra brasileña sobre la paraguaya en la Guerra de la Tripe Alianza; la inauguración de una estatua de Duque de Caxias y una fiesta "veneciana" a bordo de los buques de ambos países que se encuentran anclados en el puerto.

          A su vez, el Senado recibe a una delegación parlamentaria argentina, integrada por los senadores Virasoro, Anadón y Maciá y por el diputado Balestra. El senador brasileño Quintino Bocayuva presta el homenaje, expresándose de la siguiente manera: " Ao ilustre Presidente do Senado argentino: recebendo a honrosa visita dos dignos membros do Congresso argentino, o Senado  da República do Estados Unidos do Brasil expressa ao Senado da República Argentina sua satisfação em nome dos Estados a União brasileira e saúda respeitosamente a Nação Argentina fazendo os mais sinceros votos por sua prosperidade e grandeza”.

            La duración de la visita, que era de diez días, también genera algunas críticas en la Argentina. El 13 de agosto un periódico porteño decía que "uno de los errores que se cometieron sin duda alguna al preparar los detalles de la visita del General Roca a la capital de Brasil, es la excesiva duración de la permanencia de nuestra comitiva en aquella ciudad. Nos guste o no, mientras dure la presencia del Presidente argentino, se suspende toda la vida oficial y se realizan una serie de fiestas, sin interrupción alguna”.

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     La comitiva argentina regresa el 18 de agosto. El día anterior el Presidente argentino ofrece la última recepción de agradecimiento a bordo del acorazado San Martín. Roca dona su espada - que se destina al Museo de Rio - y expresa en su brindis final que la recepción prestada por los brasileños "es la manifestación de una verdadera alianza moral, fundada en sentimientos que yacen en la conciencia de una y de otra nación". Más cautelosamente, su colega brasileño responde que " nunca será esquecida a simpatia e o respeito que o Governo Federal deve à sua pessoa ".

          El historiador argentino Gustavo Ferrari evalúa de la siguiente manera el viaje de Roca a Brasil: “La recepción oficial fue imponente, a pesar de haberse observado cierta frialdad popular, que los testigos atribuyeron a algunas actitudes argentinas, pero sobre todo a los recelos brasileños ante la posibilidad de establecer un pacto que vinculase a su país a la Argentina, atándole las manos ".

            También se registra cierta preocupación en la Cancillería brasileña, por la repercusión que tuvo la alianza Brasil-Argentina en contraposición a la influencia norteamericana. Tanto es así, que el 24 de agosto, seis días después de la partida de Roca, el Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Olynto de Magalhães, instruye a delegación en Washington para que eliminen las probables desconfianzas que pudiesen surgir de que Argentina y Brasil, u otros países de América del Sur, pudiesen integrar una supuesta alianza con la finalidad de  "defenderse de los Estados Unidos ".

     Son pocos los acuerdos concretos que se firman. Pero el gesto político es importante y, sin duda alguna, representó un acontecimiento histórico sumamente importante en la relación bilateral entre los dos países.

            Al año siguiente, Campos Salles retribuye la visita viajando a Buenos Aires, dando continuidad en esta forma a la visita de Roca y cerrando el círculo de un acto que muestra, sobre todo, la voluntad política que existía en el último año del siglo XIX para fortalecer las buenas relaciones entre ambos países.

     El intercambio de visitas debe interpretarse en un contexto más amplio que, desde el punto de vista del historiador argentino Gustavo Ferrari, se explica por el hecho que "al iniciarse el siglo XX, tres países sudamericanos exhibían rasgos bien característicos respecto a la masa confusa formada por los demás: Argentina, Brasil y Chile. Los dos últimos habían proporcionado un raro ejemplo de estabilidad política y de prosperidad durante la segunda mitad del siglo anterior y, más recientemente, habían superado los traumas sufridos con la caída del Imperio ( 1889 ). La Argentina, a su vez, alejada ya de la crisis de los años 90, surgía como un paradigma de la teoría del progreso lineal e indefinido ” .

      Roca termina su segunda presidencia en octubre de 1904, durante la cual logró consolidar la distensión en el Cono Sur y llevar las relaciones con el Brasil a un grado de conciliación y cooperación sin precedentes en las décadas anteriores. Evita, por ende, el conflicto bélico con Chile, encaminando su solución por vía diplomática y asentando las bases de la importancia del triángulo ABC, como eje de la proyección internacional del Cono Sur de América.

     Durante la década siguiente, hasta su muerte en 1914, la influencia de Roca declina paulatinamente, pero la política de buenas relaciones entre la Argentina y Brasil continuará siendo un factor constante en su actividad pública.

      En el Brasil, Roca era considerado símbolo de las buenas relaciones con Argentina. Ya habían transcurrido ocho años desde su visita oficial a Rio, pero el ex-presidente argentino continuaba siendo considerado por la clase política brasileña como la figura que representaba el entendimiento con nuestro país ( Argentina ).

     El año siguiente, el nuevo Presidente argentino, Roque Sáenz Peña, decide convocar a su viejo adversario político, el General Roca, para pedirle un último servicio al país: representarlo como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario ante Brasil. Bajo el punto de vista de Félix Luna, Roca recibe el ofrecimiento de la siguiente manera: "A mediados de mayo de 1912, estaba en mi casa conversando con algunos amigos sobre el naufragio del Titanic, cuando me preguntaron por teléfono si tendría inconveniente en recibir al Ministro de Relaciones Exteriores. Bosch me transmitía el pedido del Presidente para viajar a Brasil como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario, a fin de superar definitivamente los conflictos que surgieron durante la época de Zeballos. Me explicó que Ramón Cárcano, como representante personal de Sáenz Peña, había llegado meses antes a un acuerdo en la compra de nuevos acorazados por parte de ambos países. Tanto Brasil como la Argentina se comprometieron a no adquirir nuevas unidades navales. Para sellar este acuerdo, el gobierno brasileño había mandado a Buenos Aires como Ministro por algún tiempo al ex-presidente Campos Salles, mi viejo amigo, y en Rio de Janeiro se esperaba que nuestro gobierno hiciese lo mismo con una personalidad de igual jerarquía. Yo ya había estado un sinfín de veces con Campos Salles, acompañándolo durante su estadía aquí, e incluso habíamos visitado juntos la estancia "San Juan”, de Simón Pereyra... De acuerdo con sus insinuaciones, afirmaba maliciosamente que el Presidente me ofrecería esta misión, que no consistía en negociar, sino en dejar trasparecer ostensivamente, que las relaciones entre los dos países habían vuelto a ser excelentes, como había ocurrido durante mi Administración. Por otra parte, no me solicitaron que permaneciese allí más de dos o tres meses".

     Al respecto de la función diplomática en sí, el libro Soy Roca dice: “ Ni todo fueron fiestas. También hubo jornadas de trabajo. En el Consulado argentino, conversamos con funcionarios brasileños para conseguir reducir las tarifas de importación de la hierba mate, café y tabaco del Brasil, a cambio de que ellos bajasen las que dificultaban la entrada de nuestras carnes y harinas. Como ya se había superado el asunto de los armamentos, no se habló de ese tema, pero varias veces conversé con el Ministro Mauro Müller, hijo de alemanes y sucesor de Rio Branco - que había fallecido este año - sobre la solución encontrada, que liberaba a las dos naciones de una pesada carga en materia de gastos militares. A mediados de septiembre, mi misión había terminado. Comenzó una nueva ronda de banquetes y bailes de despedida y, finalmente, el 24 de ese mismo mes, embarcamos en el Cap. Arcona” .
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     Dos personalidades brasileñas clave en relación a la Argentina murieron en 1912: Quintino Bocayuva y José Maria da Silva Paranhos, el Barón de Rio Branco. Roca fallecería dos años después, el 14 de octubre de 1914. Como hemos visto, su acción en pro de la paz y de la armonía en la región había sido la idea central en su política, hasta el fin de sus días. Con respecto a la situación que se cristalizó en aquel momento en la región, el historiador Gustavo Ferrari opina que "cuando desaparecieron los factores de perturbación y se apaciguaron los ánimos, Argentina, Brasil y Chile retomaron las líneas de una política conjunta que, poco tiempo después, ofrecería sus frutos más notables: la mediación en el conflicto entre México y Estados Unidos y el tratado pacifista llamado, precisamente, de Tratado del ABC .

     El 25 de mayo de 1915, en Buenos Aires, los Cancilleres de Brasil, Chile y Argentina, sumándose después el de Uruguay, firman el tratado de resolución pacífica de controversias, conocido como ABC. Roca había fallecido ocho meses antes... No llegó a vivir para ver algo que coronaba su política exterior de los treinta y cinco años precedentes.

          La relación con los oficiales brasileños en la Guerra de la Triple Alianza en los años de la juventud, el Tratado de 1885 en la primera Presidencia de Roca en la búsqueda de una solución diplomática para el conflicto de Misiones, la visita que realiza a Rio de Janeiro en 1899, retribuida por el Presidente Campos Salles el año siguiente, la visita a Brasil en 1907, en momentos de especial tensión entre los dos países y la última misión diplomática ante el país hermano dos años antes de su muerte, en 1912, muestran una continuidad de medio siglo en el protagonismo de Roca en las relaciones entre la Argentina y Brasil.

            Frente a Roca, tres figuras simbolizan ese período en el  Brasil, así como la política de buenas relaciones y armonía con la Argentina: Manuel Ferraz de Campos Salles, Quintino Bocayuva y el Barón de Rio Branco. De la presidencia y la diplomacia, el primero; de la política, las letras y la diplomacia, el segundo; y del Itamaraty, el último, fueron las contrapartidas de Roca durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX, para ajustar las políticas y las acciones que evitaron los conflictos y permitieron la paz.

     Es en este marco que la visita de Roca a Rio de Janeiro; además de constituir la primera visita oficial de un Presidente argentino a Brasil y tener el significado de un importante acontecimiento histórico en las relaciones bilaterales, se inscribe en una política de cooperación entre ambos países, representada cabalmente por Roca en la Argentina.

      Recordar esta visita, sus circunstancias, su significado y sus consecuencias más de un siglo más tarde, sirve para comprender que la excepcional relación que hoy existe entre la Argentina y Brasil, no apenas como corolario de las necesidades de integración que derivan de la globalización, sino también de la evolución gradual de una sólida relación de entendimiento entre los dos pueblos.

     Hoy, los encuentros presidenciales son más frecuente y una práctica común en las  relaciones exteriores entre los estados. Los Presidentes de Brasil y de Argentina se encuentran varias veces a lo largo de un año, y la tecnología de las comunicaciones permite establecer un diálogo, inmediata e instantáneamente, cada vez que se hace necesario. Pero el espíritu del primer encuentro entre los mandatarios de Brasil y de la Argentina sobrevive hoy, más de cien años más tarde, y es la fuente de inspiración para una relación bilateral que, sin duda alguna, tiende a concretar los sueños y las aspiraciones de aquellos estadistas que nos gobernaron a fines del siglo XIX y a principios del XX. Ellos delinearon este presente, y es a ellos que debemos la excepcional relación argentino-brasileña a comienzos del siglo XXI.

CAMPOS SALLES VISITA LA ARGENTINA

     Manuel Ferraz de Campos Salles gobernó Brasil de 1898 a 1902. Fue el cuarto Presidente de Brasil y el segundo civil a convertirse en Jefe Ejecutivo después de la Proclamación de la República el 15 de noviembre de 1889. Natural del Estado de São Paulo, nació en Campinas el 13 de febrero de 1841. Inició su vida de militancia política a los 23 años, como colaborador del periódico ultraliberal “A Razão”. A los 28 años, cuando todavía era estudiante de Derecho, fue elegido Diputado por el Partido Liberal para la Asamblea Provincial de São Paulo. Las constantes críticas a la Corona y un vehemente republicanismo provocaron su expulsión del Partido. Junto con otros ultraliberales, fundó un núcleo republicano en São Paulo, alrededor del cual comenzó a orientar su acción política.

     Campos Salles tuvo una activa participación en la campaña iniciada con la publicación del Manifiesto Republicano del 3 de diciembre de 1870. La monarquía brasileña, estremecida por el prolongado esfuerzo de la Guerra del Paraguay, comenzaba entonces la lenta decadencia que conduciría a su extinción diecinueve años después. En la época de la Proclamación de la República, Campos Salles era Presidente de la Comisión Permanente del Partido Republicano. Figuraba entre los principales políticos e intelectuales que daban sustentación ideológica a los militares responsables por la transformación institucional de Brasil.

            Ocupó la pasta de la Justicia en el Gobierno provisional del Mariscal Deodoro da Fonseca. En 1891, promulgada la Constitución republicana, fue elegido Senador. Atravesó incólume el torbellino político y militar que marcó los primeros tiempos republicanos. Se impuso, según sus propias palabras, "una conducta sistemáticamente tolerante, moderada y prudente en vista de los actos del Gobierno, porque tenía desconfianza de que pudiese surgir la anarquía a raíz de los choques entre los poderes públicos".

     Candidato a la Presidencia por el Partido Republicano Histórico, fue elegido, en marzo de 1898, para suceder a otro paulista, Prudente de Moraes. Se vio inmediatamente frente a la gravísima crisis financiera que atravesaba Brasil. El tesoro estaba empobrecido y la inflación amenazaba los fundamentos de la frágil economía brasileña. El poder político se fragmentaba en medio de las transformaciones ocurridas en las relaciones entre el centro y la periferia del país. Las secuelas del fin del régimen servil continuaban sintiéndose en el campo; y, en las ciudades, la producción se desorganizaba frente a la especulación financiera. Brasil había llegado al borde de la insolvencia. El acceso a los mercados internacionales de crédito se encontraba severamente restringido. Se imponía realizar una renegociación con los acreedores.

 

***

     Después de elegido, Campos Salles viajó para Europa. El Embajador en París, Gabriel de Piza, lo instó a presentar personalmente su plan financiero a los acreedores y, de esta forma, obtener la "restauración de nuestro debilitado crédito". Tras arduas negociaciones en París y en Londres, concluyó un instrumento de consolidación de la deuda con la Casa Rothschild, conocido como funding-loan. Mediante este instrumento firmado en junio de 1898, Brasil, para asegurar el pago de sus deudas, se obligó a aumentar las tarifas externas y a tasar la producción interna en una proporción equivalente. El funding-loan fue garantizado mediante la hipoteca de los ingresos de la Aduana de Rio de Janeiro. A partir de enero de 1899, el Gobierno Federal tuvo que depositar en papel moneda, en bancos ingleses y alemanes en Rio de Janeiro, la parte correspondiente a las emisiones externas.

      Campos Salles cumplió religiosamente los compromisos asumidos con los acreedores. Gobernó con rigurosa austeridad. Los efectos de la política recesiva no demoraron en llegar. Un incontable número de quiebras paralizó la industria y el comercio. Diversos bancos quebraron, inclusive el Banco del Estado, controlado por el Gobierno Federal. Se suspendieron todas las obras públicas. Con miras a la valorización de la moneda, se incineró papel moneda equivalente a los saldos dejados por la recaudación.

     Forzado por la necesidad de preserva la gobernabilidad ante el cuadro de insatisfacción social que surgió después de la implementación de la política de austeridad, pero decidido a no recurrir a la coerción militar, Campos Salles acabó estableciendo un nuevo estilo de ejercicio del Poder. Fomentó un sólido control del país por las oligarquías sucesoras del orden monárquico. Fue responsable por la implantación de los modelos de organización política e institucional que caracterizaron el período que hoy se denomina República Vieja, que duró hasta la Revolución de 1930. Su gobierno se basaba en un flujo interactivo de apoyo recíproco entre el centro y la periferia del Poder: Rio de Janeiro cerraba los ojos a las artimañas empleadas por los Gobernadores para elegir sus dóciles bancadas de Diputados y Senadores y los liderazgos estaduales que, a su vez, retribuyan asegurando el apoyo legislativo necesario para las draconianas medidas tomadas por el Gobierno para dominar la crisis financiera. En la Historia de Brasil, este modelo de ejercicio del Poder fue conocido como La Política de los Gobernadores.
     Como cualquier otro republicano federalista, Campos Salles esperaba todo de los estados (o provincias); la política, en su visión, debería venir desde la periferia hacia el centro y no viceversa. En un mensaje dirigido al Congreso, resumió nítidamente su visión del sistema político, con palabras que dejan bien claras algunas características fundamentales que permanecían vigentes de la base institucional del proceso de decisión brasileño: "En este régimen, tengo la firme convicción que la verdadera fuerza política, que en el apretado unitarismo del Imperio residía en el poder central, se desplazó para los Estados (provincias).  La política de los Estados, o sea, la política que fortifica los vínculos de armonía entre los Estados y la Nación es, por ende en su esencia,  la política nacional.  Es allí, en la suma de esas unidades autónomas, que se encuentra la verdadera soberanía de la opinión. Lo que piensan los Estados es lo que piensa la Nación".

      Los tiempos se revelaron amargos y tempestuosos en Brasil. Los problemas sociales se agravaban con las medidas recesivas. El gobierno era blanco de las más violentas recriminaciones. Amparado en un sólido control del Legislativo, gracias a las bancadas formadas por los Gobernadores que le eran fieles, Campos Salles fue capaz de asegurar la rigidez de la política financiera de su Ministro de Hacienda, Joaquim Murtinho, contra toda la oposición popular.

     Practicó un presidencialismo fuerte. Entendía el sistema presidencialista como uno capaz de fomentar un control personal y constante del ejercicio del Poder por el Jefe de Estado y de Gobierno. Hombre austero y disciplinado, abrigaba una concepción vertical de la institución presidencial. Era contrario a los despachos colectivos. Actuaba en última instancia, delegando autoridad en sus Ministros, con los cuales se entendía individualmente. Así lo explica en sus memorias: “ Quien formula el programa y confiere a la administración su índole característica es el Presidente. Es por eso que me pareció absurda la deliberación en Consejo de Ministros ”.

      Sin embargo, no todo quedó paralizado en su Administración. Abrió algunos frentes de modernización del país; se construyeron tramos de ferrocarriles y se ampliaron las redes telegráficas. Tampoco descuidó satisfacer a los militares: perfeccionó las condiciones operativas del Ejército; terminó las obras de las fortalezas de la Bahía de Rio de Janeiro; recuperó las defensas del puerto de Santos; compró dos nuevos acorazados para la Marina.

     Sensibilizado respecto a la realidad que encontró en Europa como Presidente electo, Campos Salles percibió la importancia del contexto internacional para la estabilidad de Brasil y trató de operar los cambios necesarios para insertar el país en el mundo en transformación. Una vez resueltos los problemas con los acreedores europeos, se dedicó a cultivar la relación con EE.UU., que ya se preparaba para ejercer en Brasil, como en toda Latinoamérica, la preeminencia que tendría a lo largo del Siglo XX. Una preeminencia que, en el caso del Brasil, se basaba en situaciones muy concretas: a fines del Siglo XIX, EE.UU. ya se había transformado en el mayor comprador de los tres principales productos de exportación de Brasil: café, caucho y cacao. El laudo favorable al Brasil dado por el Presidente Grover Cleveland en la cuestión de límites con la Argentina en 1895 y el apoyo de Brasil a Estados Unidos en 1898, en ocasión de la Guerra de Cuba, materializado, inclusive, en la cesión de dos buques de guerra, preanunciaban la alianza que se forjaría más explícitamente a partir de 1902 a la luz de las políticas del Barón de Rio Branco.

            La política externa practicada por la República había, desde el principio, tratado de diferenciarse de la conducida por la Monarquía. En esa época,  se hablaba en republicanizar la política externa, una afirmación expresiva que anticipaba una tendencia a atenuar los vínculos tradicionales de Brasil con el sistema europeo y a privilegiar el espacio panamericano. El Manifiesto Republicano de 1870 había sido expresivo: “Somos de América y queremos ser americanos.  La monarquía es, tanto en su esencia como en su práctica, hostil al derecho y a los intereses de los estados americanos. Su permanencia (de la monarquía ) es una perpetua fuente de hostilidad y guerras con los pueblos que nos rodean".

     En Argentina, Julio Argentino Roca asume por segunda vez la Presidencia de la República el día 12 de octubre de 1898, a los cincuenta y cinco años de edad. Aquel joven general de treinta y siete años del primer mandato, es ahora un maduro estadista.

     Las tensiones entre la Argentina y Chile, que durante el gobierno de José E. Uriburu (1895-1898) desatan una carrera armamentista con el riesgo de resultar en un conflicto bélico, son la razón política de su elección para el cargo. Carlos Pellegrini, también precandidato a la Presidencia por el Partido Autonomista Nacional, decide respaldar la figura de Roca, por considerarlo el político más apto para dirigir la Nación en aquel momento en que el peligro de una conflagración con Chile surgía como un riesgo apremiante.

      Roca comienza su gestión con la idea central de evitar el conflicto, implantando, paralelamente, una política de modernización y preparación de las Fuerzas Armadas para asegurar la paz. Por este motivo, uno de los primeros actos de su gobierno es viajar al Sur, a fines de enero de 1899, para encontrarse con el presidente chileno, Federico Errázuriz para  sellar un acuerdo.

    La paz en las relaciones con el Brasil era una preocupación constante de Roca. Durante su primera presidencia, el 28 de septiembre de 1885 firmó el acuerdo que establecía cómo se debía formalizar, con el apoyo de una comisión mixta de expertos, el reconocimiento y clasificación de los ríos en litigio, situados en la región de Misiones. Este acuerdo sería el acto preliminar del Tratado definitivo de límites, firmado en 1889, que definía el arbitraje que se realizaría bajo el mando del Presidente Cleveland, de los Estados Unidos, cuyo fallo resolvería, de una vez por todas, la cuestión de los límites sentencia solucionaría definitivamente la cuestión de los límites, algunos años más tarde.

     Inicialmente, Roca trata el asunto extraoficialmente, como se acostumbraba a hacer en los procedimientos diplomáticos, y oficializa su respuesta después de recibir garantías de que sería bien recibido de manera extraoficial, como era natural para procedimientos diplomáticos, y oficializa su respuesta después de haber recibido la garantía de que sería bien recibido en el Brasil. En mayo, el Diplomático de Brasil en Buenos Aires, Henrique de Barros Calvancanti de Lacerda, en un oficio confidencial dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, informa que, a su juicio, la visita que Roca haría estaba relacionada "con el plan de una Liga de tres naciones, a efectos de defenderse de posibles agresiones " y dos días después, vuelve a dirigirse a su gobierno, resaltando que tanto para Roca, como para el diplomático argentino Enrique Moreno, la visita no sólo sería útil para las relaciones bilaterales, sino también para las restantes naciones del Hemisferio Sur.

     Barros Calvancanti estaba acogiendo la idea que comenzaba a nacer en aquel momento en el Cono Sur, o sea, se hacía necesario establecer un acuerdo entre la Argentina, Brasil y Chile, capaz de crear estabilidad en esta región de América. Según Clodoaldo Bueno, para los brasileños la intención del viaje de Roca consistía en "estreitar a união entre a Argentina e o Brasil, de molde a que esta circunstância repercutisse no exterior, uma vez que, depois da solução do litígio de Missões, não havia nenhuma questão que nos dividisse". Agrega que " tais foram os argumentos utilizados pelo Governo argentino para manifestar o desejo de receber o convite para a visita presidencial “.

          El 29 de mayo, desde Petrópolis, el representante argentino ante el Gobierno brasileño, Manuel Gorostiaga, se dirige al Ministro de Relaciones Exteriores Amancio Alcorta, transmitiéndole su preocupación por cierta tensión que se notaba en la relación de Brasil con Estados Unidos. En una carta confidencial, afirma que le escribía " para transmitir los temores, ya encarnados, que agitan a los hombres de esta República en dirección a un potencial conflicto con Estados Unidos de América del Norte". Según informa Gorostiaga al Gobierno argentino " hace algún tiempo, el Senador Ruy Barbosa, hombre eminente, viene denunciando en su periódico, “A Imprensa”,el peligro que corren las naciones americanas, como consecuencia obligatoria de la política de expansión (imperialista) iniciada y desarrollada tan abiertamente por Estados Unidos después de la guerra con España, para urgir al Gobierno brasileño a proveerse de elementos de guerra, especialmente marítimos, de los cuales carece por completo ".

     Tras cuidadosas diligencias, la decisión definitiva sobre el viaje a Brasil se define a fines de junio y se comunica a Manuel Gorostiaga por medio de una nota firmada por el propio Amancio Alcorta, según la cual " al tomar esta determinación, el Sr. Presidente satisfizo las manifestaciones transmitidas por su persona, en nombre del Sr. Presidente Campos Salles, así  como (manifestó) su más firme convicción de que dicho acto serviría, sin ninguna duda, para estrechar las cordiales relaciones políticas y comerciales existentes, en beneficio de ambos países ".

          Alcorta termina su comunicación diciendo lo siguiente: “Usted se servirá llevar a conocimiento de ese gobierno la resolución del Sr. Presidente, esperando que en su oportunidad este acto será retribuido por el Sr. Presidente de esa República (Brasil ) ; y en lo que atañe al ceremonial que debe observarse, tratará de informarse en la Cancillería (brasileña ), enviando una inmediatamente una respuesta a este Ministerio".

     El día 18 de julio, por medio de un telegrama dirigido a Gorostiaga, Alcorta informa la cantidad de personas que integrarán la comitiva oficial y pide que la delegación argentina (en Rio de Janeiro ) se encargue de encontrar alojamiento. El día siguiente, a través del mismo canal, anticipa que la probable fecha de partida de Roca está marcada para el 31 de julio.

          Roca embarca para Rio de Janeiro a las cuatro de la tarde del jueves 3 de agosto. Viaja con su comitiva a bordo del San Martín - el buque más moderno de la escuadra argentina – bajo el mando directo del Ministro de Marina, Comodoro Martín Rivadavia, que una década antes había comandado la corbeta Argentina, primer buque extranjero que reconoció  la República brasileña en 1889.

          El viaje tiene como justificación formal felicitar al Doctor Manuel F. de Campos Salles por su reciente triunfo electoral, elegido Presidente de la República de los Estados Unidos de Brasil, el 1º de mayo de 1898. En realidad, se trataba tanto de estrechar relaciones con Brasil, con quien la Argentina ya había solucionado todos los conflictos de límites, como en la emisión de una señal para Chile, con quien continuaba teniendo pendientes controversias limítrofes.

     Félix Luna, en Soy Roca, hace que el propio Roca relate el inicio del viaje a Brasil, así como sus intenciones: “ El próximo paso de este sutil juego diplomático consistía en ir a Brasil. Aunque no concretemos nada allá, los chilenos supondrían que se había establecido algún entendimiento con el Gobierno Campos Salles, y esa sospecha contribuiría para moderar sus impulsos bélicos. Cuanto más negásemos la negociación de algún tipo de alianza, menos lo creerían nuestros vecinos transcordilleranos. Por otro parte,  era aconsejable estrechar vínculos con los brasileños, con quienes habíamos tenido roces debido a las secuelas de la Guerra del Paraguay y por problemas fronterizos. Desde que Brasil se convirtió en una República, crecieron las afinidades entre argentinos y brasileños.  Era una buena oportunidad para demostrar este hecho".

      Félix Luna relata de esta manera el viaje de Roca: “El 6 de agosto, embarcamos en el acorazado San Martín. Yo conocía Rio de Janeiro por las breves escalas de mi viaje a Europa, pero esta vez visité aquella ciudad durante una semana, estuve en Petrópolis y deambulé por sus avenidas, cada vez que pude escaparme de las obligaciones ceremoniales que me imponían. Me quedé encantando con la opulencia de su naturaleza y admirado por el respeto con que se la preservaba, con la belleza de sus perspectivas y el estilo imperial de sus edificios públicos. Hubo recepciones, bailes – yo mismo tuve que bailar una cuadrilla - banquetes, paseos, e incluso una "fiesta veneciana"  la última noche, con fuegos artificiales sobre la bahía...Todo tuvo la aparatosa solemnidad típica de una corte imperial, atenuada por la cordial solicitud de nuestros anfitriones".

     El corresponsal de Caras y Caretas que viajó con la comitiva, relata la entrada en Rio de Janeiro como sigue: "Salió a encontrarnos en alta mar una división brasileña bajo el mando de Bento Gonçalves y, escoltados por ella, entramos en el puerto al mediodía, en este orden: San Martin, Buenos Aires, Patria, Aquidaban, Barroso y Tupy. Campos Salles esperaba en el acorazado Riachuelo, y Roca fue a su encuentro en su imponente uniforme. Se saludaron. A esa hora, la Bahía era un prodigio, una maravilla, algo inaudito e inolvidable. De la galera  Dom João VI, de arcaica belleza, bajaron los Presidentes, entre salvas que provenían de barcos y fortalezas, las aclamaciones se elevaban rumorosas, de miles de bocas, vibrando con sorprendente pureza en el aire transparente, y volvían repetidamente, haciendo eco en las montañas como remotos truenos".

      Durante la noche del 9 de agosto, Roca discursa para agradecer el banquete con que lo habían homenajeado. En sus palabras resume su pensamiento: " Milité muy joven en las fuerzas aliadas que luchaban por una causa común, y este vínculo de sangre y sacrificio no se rompe fácilmente en la vida. Llevado más tarde al gobierno, me esforcé para desarrollar entre los países una acción pacífica y provechosa. Me cupo entonces firmar el tratado preliminar para terminar nuestra vieja contienda colonial. Volví al poder a tiempo parar presidir las últimas sugerencias de la demarcación. Tengo el deber de decir aquí, francamente, que aceptamos casi con satisfacción la decisión del árbitro, porque así conquistamos aquello que vale más que un pedazo de territorio, que es la simpatía y amistad del pueblo brasileño ".

     Un acto central de la recepción ofrecida a Roca es el desfile militar celebrado el  11 de agosto. Participan en este gran desfile 9.000 hombres de las tres Armas. Las tropas pasan al mando del General Cantuária, en cuyo Estado Mayor desfila el Teniente Shipton, Agregado Militar de la Embajada de los EE.UU. en Rio, un detalle de menor importancia, pero que en cierta forma deja clara la relación que existía en ese momento entre Brasil y Washington.

          Esa misma noche, el Ministro de Guerra de Brasil ofrece un banquete a la comitiva argentina y es en esa oportunidad que el Ministro argentino, General Luis María Campos – al igual que Roca, combatiente en los ejércitos de la Tripe Alianza - deja trasparecer en su brindis la idea de una alianza formada por las naciones sudamericanas.

          Las festividades cuentan, además, con una sesión en el Hipódromo, donde presencian el “Gran Premio República Argentina"; un almuerzo ofrecido por el Presidente de Brasil a bordo del acorazado brasileño Riachuelo – nombre atribuido al barco en homenaje al triunfo naval de la Escuadra brasileña sobre la paraguaya en la Guerra de la Tripe Alianza; la inauguración de una estatua de Duque de Caxias y una fiesta "veneciana" a bordo de los buques de ambos países que se encuentran anclados en el puerto.

          A su vez, el Senado recibe a una delegación parlamentaria argentina, integrada por los senadores Virasoro, Anadón y Maciá y por el diputado Balestra. El senador brasileño Quintino Bocayuva presta el homenaje, expresándose de la siguiente manera: " Ao ilustre Presidente do Senado argentino: recebendo a honrosa visita dos dignos membros do Congresso argentino, o Senado  da República do Estados Unidos do Brasil expressa ao Senado da República Argentina sua satisfação em nome dos Estados a União brasileira e saúda respeitosamente a Nação Argentina fazendo os mais sinceros votos por sua prosperidade e grandeza”.

            La duración de la visita, que era de diez días, también genera algunas críticas en la Argentina. El 13 de agosto un periódico porteño decía que "uno de los errores que se cometieron sin duda alguna al preparar los detalles de la visita del General Roca a la capital de Brasil, es la excesiva duración de la permanencia de nuestra comitiva en aquella ciudad. Nos guste o no, mientras dure la presencia del Presidente argentino, se suspende toda la vida oficial y se realizan una serie de fiestas, sin interrupción alguna”.

***    

     La comitiva argentina regresa el 18 de agosto. El día anterior el Presidente argentino ofrece la última recepción de agradecimiento a bordo del acorazado San Martín. Roca dona su espada - que se destina al Museo de Rio - y expresa en su brindis final que la recepción prestada por los brasileños "es la manifestación de una verdadera alianza moral, fundada en sentimientos que yacen en la conciencia de una y de otra nación". Más cautelosamente, su colega brasileño responde que " nunca será esquecida a simpatia e o respeito que o Governo Federal deve à sua pessoa ".

          El historiador argentino Gustavo Ferrari evalúa de la siguiente manera el viaje de Roca a Brasil: “La recepción oficial fue imponente, a pesar de haberse observado cierta frialdad popular, que los testigos atribuyeron a algunas actitudes argentinas, pero sobre todo a los recelos brasileños ante la posibilidad de establecer un pacto que vinculase a su país a la Argentina, atándole las manos ".

            También se registra cierta preocupación en la Cancillería brasileña, por la repercusión que tuvo la alianza Brasil-Argentina en contraposición a la influencia norteamericana. Tanto es así, que el 24 de agosto, seis días después de la partida de Roca, el Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Olynto de Magalhães, instruye a delegación en Washington para que eliminen las probables desconfianzas que pudiesen surgir de que Argentina y Brasil, u otros países de América del Sur, pudiesen integrar una supuesta alianza con la finalidad de  "defenderse de los Estados Unidos ".
     Son pocos los acuerdos concretos que se firman. Pero el gesto político es importante y, sin duda alguna, representó un acontecimiento histórico sumamente importante en la relación bilateral entre los dos países.

            Al año siguiente, Campos Salles retribuye la visita viajando a Buenos Aires, dando continuidad en esta forma a la visita de Roca y cerrando el círculo de un acto que muestra, sobre todo, la voluntad política que existía en el último año del siglo XIX para fortalecer las buenas relaciones entre ambos países.

     El intercambio de visitas debe interpretarse en un contexto más amplio que, desde el punto de vista del historiador argentino Gustavo Ferrari, se explica por el hecho que "al iniciarse el siglo XX, tres países sudamericanos exhibían rasgos bien característicos respecto a la masa confusa formada por los demás: Argentina, Brasil y Chile. Los dos últimos habían proporcionado un raro ejemplo de estabilidad política y de prosperidad durante la segunda mitad del siglo anterior y, más recientemente, habían superado los traumas sufridos con la caída del Imperio ( 1889 ). La Argentina, a su vez, alejada ya de la crisis de los años 90, surgía como un paradigma de la teoría del progreso lineal e indefinido ” .

      Roca termina su segunda presidencia en octubre de 1904, durante la cual logró consolidar la distensión en el Cono Sur y llevar las relaciones con el Brasil a un grado de conciliación y cooperación sin precedentes en las décadas anteriores. Evita, por ende, el conflicto bélico con Chile, encaminando su solución por vía diplomática y asentando las bases de la importancia del triángulo ABC, como eje de la proyección internacional del Cono Sur de América.

     Durante la década siguiente, hasta su muerte en 1914, la influencia de Roca declina paulatinamente, pero la política de buenas relaciones entre la Argentina y Brasil continuará siendo un factor constante en su actividad pública.

      En el Brasil, Roca era considerado símbolo de las buenas relaciones con Argentina. Ya habían transcurrido ocho años desde su visita oficial a Rio, pero el ex-presidente argentino continuaba siendo considerado por la clase política brasileña como la figura que representaba el entendimiento con nuestro país ( Argentina ).

     El año siguiente, el nuevo Presidente argentino, Roque Sáenz Peña, decide convocar a su viejo adversario político, el General Roca, para pedirle un último servicio al país: representarlo como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario ante Brasil. Bajo el punto de vista de Félix Luna, Roca recibe el ofrecimiento de la siguiente manera: "A mediados de mayo de 1912, estaba en mi casa conversando con algunos amigos sobre el naufragio del Titanic, cuando me preguntaron por teléfono si tendría inconveniente en recibir al Ministro de Relaciones Exteriores. Bosch me transmitía el pedido del Presidente para viajar a Brasil como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario, a fin de superar definitivamente los conflictos que surgieron durante la época de Zeballos. Me explicó que Ramón Cárcano, como representante personal de Sáenz Peña, había llegado meses antes a un acuerdo en la compra de nuevos acorazados por parte de ambos países. Tanto Brasil como la Argentina se comprometieron a no adquirir nuevas unidades navales. Para sellar este acuerdo, el gobierno brasileño había mandado a Buenos Aires como Ministro por algún tiempo al ex-presidente Campos Salles, mi viejo amigo, y en Rio de Janeiro se esperaba que nuestro gobierno hiciese lo mismo con una personalidad de igual jerarquía. Yo ya había estado un sinfín de veces con Campos Salles, acompañándolo durante su estadía aquí, e incluso habíamos visitado juntos la estancia "San Juan”, de Simón Pereyra... De acuerdo con sus insinuaciones, afirmaba maliciosamente que el Presidente me ofrecería esta misión, que no consistía en negociar, sino en dejar trasparecer ostensivamente, que las relaciones entre los dos países habían vuelto a ser excelentes, como había ocurrido durante mi Administración. Por otra parte, no me solicitaron que permaneciese allí más de dos o tres meses".

     Al respecto de la función diplomática en sí, el libro Soy Roca dice: “ Ni todo fueron fiestas. También hubo jornadas de trabajo. En el Consulado argentino, conversamos con funcionarios brasileños para conseguir reducir las tarifas de importación de la hierba mate, café y tabaco del Brasil, a cambio de que ellos bajasen las que dificultaban la entrada de nuestras carnes y harinas. Como ya se había superado el asunto de los armamentos, no se habló de ese tema, pero varias veces conversé con el Ministro Mauro Müller, hijo de alemanes y sucesor de Rio Branco - que había fallecido este año - sobre la solución encontrada, que liberaba a las dos naciones de una pesada carga en materia de gastos militares. A mediados de septiembre, mi misión había terminado. Comenzó una nueva ronda de banquetes y bailes de despedida y, finalmente, el 24 de ese mismo mes, embarcamos en el Cap. Arcona” .
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***

     Dos personalidades brasileñas clave en relación a la Argentina murieron en 1912: Quintino Bocayuva y José Maria da Silva Paranhos, el Barón de Rio Branco. Roca fallecería dos años después, el 14 de octubre de 1914. Como hemos visto, su acción en pro de la paz y de la armonía en la región había sido la idea central en su política, hasta el fin de sus días. Con respecto a la situación que se cristalizó en aquel momento en la región, el historiador Gustavo Ferrari opina que "cuando desaparecieron los factores de perturbación y se apaciguaron los ánimos, Argentina, Brasil y Chile retomaron las líneas de una política conjunta que, poco tiempo después, ofrecería sus frutos más notables: la mediación en el conflicto entre México y Estados Unidos y el tratado pacifista llamado, precisamente, de Tratado del ABC .

     El 25 de mayo de 1915, en Buenos Aires, los Cancilleres de Brasil, Chile y Argentina, sumándose después el de Uruguay, firman el tratado de resolución pacífica de controversias, conocido como ABC. Roca había fallecido ocho meses antes... No llegó a vivir para ver algo que coronaba su política exterior de los treinta y cinco años precedentes.

          La relación con los oficiales brasileños en la Guerra de la Triple Alianza en los años de la juventud, el Tratado de 1885 en la primera Presidencia de Roca en la búsqueda de una solución diplomática para el conflicto de Misiones, la visita que realiza a Rio de Janeiro en 1899, retribuida por el Presidente Campos Salles el año siguiente, la visita a Brasil en 1907, en momentos de especial tensión entre los dos países y la última misión diplomática ante el país hermano dos años antes de su muerte, en 1912, muestran una continuidad de medio siglo en el protagonismo de Roca en las relaciones entre la Argentina y Brasil.

            Frente a Roca, tres figuras simbolizan ese período en el  Brasil, así como la política de buenas relaciones y armonía con la Argentina: Manuel Ferraz de Campos Salles, Quintino Bocayuva y el Barón de Rio Branco. De la presidencia y la diplomacia, el primero; de la política, las letras y la diplomacia, el segundo; y del Itamaraty, el último, fueron las contrapartidas de Roca durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX, para ajustar las políticas y las acciones que evitaron los conflictos y permitieron la paz.

     Es en este marco que la visita de Roca a Rio de Janeiro; además de constituir la primera visita oficial de un Presidente argentino a Brasil y tener el significado de un importante acontecimiento histórico en las relaciones bilaterales, se inscribe en una política de cooperación entre ambos países, representada cabalmente por Roca en la Argentina.

      Recordar esta visita, sus circunstancias, su significado y sus consecuencias más de un siglo más tarde, sirve para comprender que la excepcional relación que hoy existe entre la Argentina y Brasil, no apenas como corolario de las necesidades de integración que derivan de la globalización, sino también de la evolución gradual de una sólida relación de entendimiento entre los dos pueblos.

     Hoy, los encuentros presidenciales son más frecuente y una práctica común en las  relaciones exteriores entre los estados. Los Presidentes de Brasil y de Argentina se encuentran varias veces a lo largo de un año, y la tecnología de las comunicaciones permite establecer un diálogo, inmediata e instantáneamente, cada vez que se hace necesario. Pero el espíritu del primer encuentro entre los mandatarios de Brasil y de la Argentina sobrevive hoy, más de cien años más tarde, y es la fuente de inspiración para una relación bilateral que, sin duda alguna, tiende a concretar los sueños y las aspiraciones de aquellos estadistas que nos gobernaron a fines del siglo XIX y a principios del XX. Ellos delinearon este presente, y es a ellos que debemos la excepcional relación argentino-brasileña a comienzos del siglo XXI.

CAMPOS SALLES VISITA LA ARGENTINA

     Manuel Ferraz de Campos Salles gobernó Brasil de 1898 a 1902. Fue el cuarto Presidente de Brasil y el segundo civil a convertirse en Jefe Ejecutivo después de la Proclamación de la República el 15 de noviembre de 1889. Natural del Estado de São Paulo, nació en Campinas el 13 de febrero de 1841. Inició su vida de militancia política a los 23 años, como colaborador del periódico ultraliberal “A Razão”. A los 28 años, cuando todavía era estudiante de Derecho, fue elegido Diputado por el Partido Liberal para la Asamblea Provincial de São Paulo. Las constantes críticas a la Corona y un vehemente republicanismo provocaron su expulsión del Partido. Junto con otros ultraliberales, fundó un núcleo republicano en São Paulo, alrededor del cual comenzó a orientar su acción política.

     Campos Salles tuvo una activa participación en la campaña iniciada con la publicación del Manifiesto Republicano del 3 de diciembre de 1870. La monarquía brasileña, estremecida por el prolongado esfuerzo de la Guerra del Paraguay, comenzaba entonces la lenta decadencia que conduciría a su extinción diecinueve años después. En la época de la Proclamación de la República, Campos Salles era Presidente de la Comisión Permanente del Partido Republicano. Figuraba entre los principales políticos e intelectuales que daban sustentación ideológica a los militares responsables por la transformación institucional de Brasil.

            Ocupó la pasta de la Justicia en el Gobierno provisional del Mariscal Deodoro da Fonseca. En 1891, promulgada la Constitución republicana, fue elegido Senador. Atravesó incólume el torbellino político y militar que marcó los primeros tiempos republicanos. Se impuso, según sus propias palabras, "una conducta sistemáticamente tolerante, moderada y prudente en vista de los actos del Gobierno, porque tenía desconfianza de que pudiese surgir la anarquía a raíz de los choques entre los poderes públicos".

     Candidato a la Presidencia por el Partido Republicano Histórico, fue elegido, en marzo de 1898, para suceder a otro paulista, Prudente de Moraes. Se vio inmediatamente frente a la gravísima crisis financiera que atravesaba Brasil. El tesoro estaba empobrecido y la inflación amenazaba los fundamentos de la frágil economía brasileña. El poder político se fragmentaba en medio de las transformaciones ocurridas en las relaciones entre el centro y la periferia del país. Las secuelas del fin del régimen servil continuaban sintiéndose en el campo; y, en las ciudades, la producción se desorganizaba frente a la especulación financiera. Brasil había llegado al borde de la insolvencia. El acceso a los mercados internacionales de crédito se encontraba severamente restringido. Se imponía realizar una renegociación con los acreedores.

***

     Después de elegido, Campos Salles viajó para Europa. El Embajador en París, Gabriel de Piza, lo instó a presentar personalmente su plan financiero a los acreedores y, de esta forma, obtener la "restauración de nuestro debilitado crédito". Tras arduas negociaciones en París y en Londres, concluyó un instrumento de consolidación de la deuda con la Casa Rothschild, conocido como funding-loan. Mediante este instrumento firmado en junio de 1898, Brasil, para asegurar el pago de sus deudas, se obligó a aumentar las tarifas externas y a tasar la producción interna en una proporción equivalente. El funding-loan fue garantizado mediante la hipoteca de los ingresos de la Aduana de Rio de Janeiro. A partir de enero de 1899, el Gobierno Federal tuvo que depositar en papel moneda, en bancos ingleses y alemanes en Rio de Janeiro, la parte correspondiente a las emisiones externas.

      Campos Salles cumplió religiosamente los compromisos asumidos con los acreedores. Gobernó con rigurosa austeridad. Los efectos de la política recesiva no demoraron en llegar. Un incontable número de quiebras paralizó la industria y el comercio. Diversos bancos quebraron, inclusive el Banco del Estado, controlado por el Gobierno Federal. Se suspendieron todas las obras públicas. Con miras a la valorización de la moneda, se incineró papel moneda equivalente a los saldos dejados por la recaudación.

     Forzado por la necesidad de preserva la gobernabilidad ante el cuadro de insatisfacción social que surgió después de la implementación de la política de austeridad, pero decidido a no recurrir a la coerción militar, Campos Salles acabó estableciendo un nuevo estilo de ejercicio del Poder. Fomentó un sólido control del país por las oligarquías sucesoras del orden monárquico. Fue responsable por la implantación de los modelos de organización política e institucional que caracterizaron el período que hoy se denomina República Vieja, que duró hasta la Revolución de 1930. Su gobierno se basaba en un flujo interactivo de apoyo recíproco entre el centro y la periferia del Poder: Rio de Janeiro cerraba los ojos a las artimañas empleadas por los Gobernadores para elegir sus dóciles bancadas de Diputados y Senadores y los liderazgos estaduales que, a su vez, retribuyan asegurando el apoyo legislativo necesario para las draconianas medidas tomadas por el Gobierno para dominar la crisis financiera. En la Historia de Brasil, este modelo de ejercicio del Poder fue conocido como La Política de los Gobernadores.
     Como cualquier otro republicano federalista, Campos Salles esperaba todo de los estados (o provincias); la política, en su visión, debería venir desde la periferia hacia el centro y no viceversa. En un mensaje dirigido al Congreso, resumió nítidamente su visión del sistema político, con palabras que dejan bien claras algunas características fundamentales que permanecían vigentes de la base institucional del proceso de decisión brasileño: "En este régimen, tengo la firme convicción que la verdadera fuerza política, que en el apretado unitarismo del Imperio residía en el poder central, se desplazó para los Estados (provincias).  La política de los Estados, o sea, la política que fortifica los vínculos de armonía entre los Estados y la Nación es, por ende en su esencia,  la política nacional.  Es allí, en la suma de esas unidades autónomas, que se encuentra la verdadera soberanía de la opinión. Lo que piensan los Estados es lo que piensa la Nación".

      Los tiempos se revelaron amargos y tempestuosos en Brasil. Los problemas sociales se agravaban con las medidas recesivas. El gobierno era blanco de las más violentas recriminaciones. Amparado en un sólido control del Legislativo, gracias a las bancadas formadas por los Gobernadores que le eran fieles, Campos Salles fue capaz de asegurar la rigidez de la política financiera de su Ministro de Hacienda, Joaquim Murtinho, contra toda la oposición popular.

     Practicó un presidencialismo fuerte. Entendía el sistema presidencialista como uno capaz de fomentar un control personal y constante del ejercicio del Poder por el Jefe de Estado y de Gobierno. Hombre austero y disciplinado, abrigaba una concepción vertical de la institución presidencial. Era contrario a los despachos colectivos. Actuaba en última instancia, delegando autoridad en sus Ministros, con los cuales se entendía individualmente. Así lo explica en sus memorias: “ Quien formula el programa y confiere a la administración su índole característica es el Presidente. Es por eso que me pareció absurda la deliberación en Consejo de Ministros ”.

      Sin embargo, no todo quedó paralizado en su Administración. Abrió algunos frentes de modernización del país; se construyeron tramos de ferrocarriles y se ampliaron las redes telegráficas. Tampoco descuidó satisfacer a los militares: perfeccionó las condiciones operativas del Ejército; terminó las obras de las fortalezas de la Bahía de Rio de Janeiro; recuperó las defensas del puerto de Santos; compró dos nuevos acorazados para la Marina.

     Sensibilizado respecto a la realidad que encontró en Europa como Presidente electo, Campos Salles percibió la importancia del contexto internacional para la estabilidad de Brasil y trató de operar los cambios necesarios para insertar el país en el mundo en transformación. Una vez resueltos los problemas con los acreedores europeos, se dedicó a cultivar la relación con EE.UU., que ya se preparaba para ejercer en Brasil, como en toda Latinoamérica, la preeminencia que tendría a lo largo del Siglo XX. Una preeminencia que, en el caso del Brasil, se basaba en situaciones muy concretas: a fines del Siglo XIX, EE.UU. ya se había transformado en el mayor comprador de los tres principales productos de exportación de Brasil: café, caucho y cacao. El laudo favorable al Brasil dado por el Presidente Grover Cleveland en la cuestión de límites con la Argentina en 1895 y el apoyo de Brasil a Estados Unidos en 1898, en ocasión de la Guerra de Cuba, materializado, inclusive, en la cesión de dos buques de guerra, preanunciaban la alianza que se forjaría más explícitamente a partir de 1902 a la luz de las políticas del Barón de Rio Branco.

            La política externa practicada por la República había, desde el principio, tratado de diferenciarse de la conducida por la Monarquía. En esa época,  se hablaba en republicanizar la política externa, una afirmación expresiva que anticipaba una tendencia a atenuar los vínculos tradicionales de Brasil con el sistema europeo y a privilegiar el espacio panamericano. El Manifiesto Republicano de 1870 había sido expresivo: “Somos de América y queremos ser americanos.  La monarquía es, tanto en su esencia como en su práctica, hostil al derecho y a los intereses de los estados americanos. Su permanencia (de la monarquía ) es una perpetua fuente de hostilidad y guerras con los pueblos que nos rodean".





Diseño de Stein circa 1900, El presidente Julio Argentino Roca,
colección Rosendo Fraga


El presidente Campos Sales




8 de agosto de 1899. El público espera a los dos presidentes 
junto al Arsenal de la Marina, en Rio de Janeiro.
Un cortejo de carruajes los transportaría al Palacio de Catete.




Los dos presidentes en la cima del Corcovado. En aquella época existía, donde
hoy se encuentra el Cristo de brazos abiertos, una pequeña
edificación llamada Chapéu de sol. Colección Rosendo Fraga.




Recepción en honor de Campos Sales en Buenos Aires. El Palacio del Ayuntamiento
fue decorado con los escudos de los (en ese entonces) 21 Estados brasileños,
con los retratos de personalidades históricas del Brasil.




Los presidentes Campos Sales y Julio Roca (izq. ), el capitán Joaquim Alves
de Barros y el coronel Gramajo ocupan el primero de los 14 carruajes de la
comitiva oficial que desfila por Buenos Aires.



En homenaje al Brasil, tropas argentinas bajo el mando del
Teniente-General Levalle pasan frente a la Catedral de Buenos Aires.





Siete años más tarde, en marzo de 1907, Julio Roca (centro) regresó al Brasil y
se encontró con Campos Sales (izq.) y con el Barón de Rio Branco.